lundi, décembre 12, 2005

puros cuentos!

hace un montón, pero un montón de años, por ahí de cuando tenia unos 10, me acuerdo que le bailé-birlé a uno de mis mejores cuates (a la fecha) un libro que en ese entonces me pareció bastante peculiar; rojo, de pasta rígida de terciopelo y con un tipo de dibujos que nunca había visto. A la fecha lo cuido mucho y una vez una perra me lo quiso robar y casi me infarto pues es de mis pertenencias que más quiero. Es un libro de cuentos y fábulas, de los primeros que recuerdo haber leído por puro gusto y la vdd si es un gusto después de más de 15 años desenpolvarlo y volverlo a leer.
El libro se llama Cuentos Populares Rusos, está impreso y traducido directo del Ruso y es una edición de 1978. con decirles que dice "impreso en la URSS" Bueno, les voy a compartir algunos de los mejores cuentos o los que yo considero los q más valen la pena de transcribir.

El tesoro oculto

Hace muchos años, vivían en un lejano reindo dos ancianos muy pobres. Pasado cierto tiempo, no se sabe si mucho o poco, murió la anciana. Corría el invierno y el frío era espantoso, inclemente. Fue el anciano a casa de unos vecinos y conocidos para pedir que le ayudaran a cavar la fosa para la vieja. Pero los vecinos y los conocidos sabían que era muy pobre y se negaron en redondo. fue el anciano a ver al pope a la aldea, hombre codicioso y ruin. "Ten a bien, padre -dijo el anciano- de cantar un responso a mi vieja." -"¿Tienes dinero para costear las exequuias? ¡Anda paga por adelantado!" - "No pienso ocultarte nada -dijo el anciano-, no tengo en casa ni un solo kopek. Espera un poco y, cuando gane algo, te pagaré con largueza. Te lo juro"
No quiso el pope escuchar al anciano: "Si no tienes dinero, no te atrevas a venir por aquí." - "¿Qué hacer? - pensaba el viejo-. Iré al camposanto, cavaré la fosa como mejor pueda y enterraré a mi vieja yo mismo." En fin, tomó un hacha y una pala y se dirigió al cementerio. Una vez allí, se puso a abrir la fosa: arrancó con el hacha la capa de tierra helada, endurecida, tomó luego la pala, se puso a cavar y encontró en la tierra un calderete. Miró y vió que estaba lleno de monedas de oro, que relumbraban como ascuas. ¡Menudo alegrón que se llevó el viejo! "¡Gracias a Dios -se dijo-, tendré con que dar sepultura a la vieja y ofrecer una buena comida de recordación." Dejó de cavar, tomó el calderete lleno de monedas de oro y se lo llevó a casa.
En fin ya se sabe, con dinero todo marcha como sobre ruedas. Inmediatamente encontró buena gente que abrió la fosa y fabricó la caja. El viejo envió a su nuera a comprar vino y comida, para que el agasajo fuese como era de ley, y él mismo tomó una moneda de oro y se dirigió a casa del pope. Apenas hubo llegado, el sacerdote lo colmó de improperios: "¿No te dije bien claro, vejestorio, que no vinieras por aquí sin dinero?" - "No te enfades, padre - pidió el anciano-. Aqui tienes una moneda de oro. Canta un responso a mi vieja y te quedaré agradecido mientras viva. " El pope tomó la moneda y se desvivía en torno al viejo, esforzándose por ganarse su buena disposición: "No te preocupes, abuelito, puedes estar seguro de que todo se hará como Dios manda." El viejo se despidió con una reverencia y se fue a su casa. El pope y su mujer se pusieron a comentar: "¡Fijate, ese viejo demonio! Decían que era pobre, que no tenia ni un kopek, y me ha dado una moneda de oro. A mucha gente acaudalada canté responsos en esta vida, pero nadie me retribuyó nunca tan bien..."
Reunió el pope al sacristán y al monaguillo y cantó el responso a la vieja como era de rigor. Luego del entierro, el viejo lo invitó a la comida de recordación. Llegaron a su casa, se sentaron a la mesa y el pope quedó boquiabierto: ¡la de bebidas y manjares que había allí! El pope se puso a comer por tres, mirando envidioso la abundancia que reinaba en la casa. En fin, terminó el agasajo y los invitados se fueron cada uno a su casa. Se levantó también el pope. El viejo salió a acompañarlo al patio. El pope vio que no había nadie alrededor y dijo al anciano: “Oye, querido, confiésate, no guardes en el alma ningún pecado, dímelo todo, como si estuvieras ante Dios: ¿cómo te las has arreglado para salir tan pronto de la miseria? Eras un pobretón, y ahora ¡fíjate! ¿De dónde ha salido todo esto? ¡Confiésate, querido! Siento que hayas condenado tu alma. ¿A quien robaste?” – “Qué cosas tienes padre! No he robado ni matado a nadie, lo que ocurrió es que me encontré un tesoro.” Acto seguido contó al pope lo que había sucedido en el cementerio.
La codicia hizo que al pope le entrara una tembladera. Regresó a casa, no podía hacer nada y se pasaba los días y las noches pensando: “¡Hay que ver la de dinero que ha encontrado ese vejestorio! ¿Cómo podría arreglármelas para robarle el calderote de monedas de oro?” Hablo de ello a su mujer. Se pusieron a deliberar y el pope dijo por fin: “¡Oye, madre!, ¿no tenemos un chivo?” – “Sí”- “Bien, en cuanto caiga la noche, haremos lo que se deba hacer.” Ya a las tantas el pope llevó al chivo al isba, lo degolló y lo desolló luego, con cuernos barba y todo. Después se echó encima la piel del chivo y dijo a su mujer “Toma, madre, aguja e hilo y cose la piel todo alrededor para que no se desprenda.” Tomó la mujer una aguja saquera y un ovillo de hilo crudo y cosió la piel del chivo.
Cuando la oscuridad era más espesa, el pope se fue a casa del viejo y se puso a llamar a la ventana y a arañar los cristales. El viejo oyó el ruido, saltó de la cama y preguntó: “¿Quién es?” – “¡El diablo!”…-“¡Santo, santo, santo!”, salmodió el anciano, hizo la señal de la cruz y se puso a rezar. “Oye , viejo – dijo el pope-, por más que te persignes y reces, no te librarás de mi. Mejor será que me des el calderote con el dinero, si no quieres que te descuartice. ¡Vaya, me compadecí de tu pena, hice que descubrieras el tesoro oculto, creyendo que tomarías unas monedas para el entierro y tú arramblaste con todo.” Miró el viejo por la ventana y vio los cuernos y la barba del chivo: ¡Sí, era el demonio! “¿Para qué quiero yo el dinero?, - pensó el viejo-. Viví hasta ahora sin él y seguiré viviendo lo mismo.” Tomó el calderote con el oro, lo sacó a la calle, lo arrojó al suelo y se volvió a meter en la casa en un dos por tres. El pope tomó el calderote con el oro y corrió a todo correr a su hogar. Llegó y dijo: “¡Vaya, el dinero es nuestro! Mira, mujer, guárdalo bien, toma luego un cuchillo afilado, corta los hilos y quítame la piel del chivo, antes que alguien me vea así.”
Tomó la mujer un cuchillo, y se puso a cortar el hilo por la costura, pero manó sangre, y el pope gritó: “Mujer, no cortes, que duele!” Probó la mujer a cortar en otro sitio, y tres cuartos de lo mismo. La piel del chivo se le había pegado al pope al cuerpo. Por más que se esforzaron – llegaron incluso a devolver el dinero al viejo-, nada dio resultado, y el pope no pudo quitarse la piel del chivo. ¡Se ve que el Señor lo castigó por su desmedida codicia!

2 commentaires:

Blogger homero a dit...

Jajaja...

Está bueno el post mi estimado Puka!

Por cierto, ya puede usted pasar por Giltai, hemos inaugurado el Buzón de Quejas, para que exprese su sentir.

Saludos

5:45 PM  
Blogger pux lavoix a dit...

jaaaaaaaaajajajajajajajajajjajajajajajjaajajajaa
voy voy!!

9:47 PM  

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