Muero por mis Pops
Superman con rostro de Nietzsche engalana la portada de un libro sobre filosofía; sólo la cultura pop nos ha permitido estos atrevimientos para dejar atrás la solemnidad. el goce esstético de hoy está en las calles, en un espectacular de Wonder Bra o un albur en la parte trasera de un camión. La cultura pop nos permite irnos a comer unos tacos después de asistir al balleta presenciar Giselle. Y parafraseando el eslogande una marca de cereales "muero por mis pops".Hace algunos meses pudimos ver sin mucho asombro un espectacular en el que está impreso el más famoso de los autorretratos de Van Gogh y delq ue se desprende -mediante la magia del retoque fotográfico- la oreja de la que alguna vez se cortó un pedazo el trágico pintor; pero que anunciaba esta publicidad? Nada menos que pan dulce Tía Rosa. Esta imagen puede representar lo que significa la efímera cultura pop, reciclaje, ironía y eclecticismo. En las ultimas decadas del siglo XX, en palabras del poeta Charles Simic, “la ciudad es una gran maquinaria de imágenes” la M de Mc Donalds, maniquíes con ropa de diseñador, esculturas de Leonora Carrington en el Paseo de la Reforma, cómics de Spiderman en librerías , carteles de conciertos, todo es parte de un universo que no le niega la entrada a nada. Pero este eclecticismo tuvo su comienzo –si bien puede remontarse a algo tan lejano como la antigua Grecia- en los movimientos de vanguardia del siglo XX, que fueron su punta de lanza, pero de los que dejó atrás sus intenciones de “transformar al mundo y cambiar la vida” – como eran las de los surrealistas- y se tomó únicamente su aportación estética y visual. Hoy como alguna vez lo señaló Umberto Eco en su libro Apocalípticos e integrados, Superman comparte la misma dimensión ontológica que un Platón, por ejemplo, y el control remoto de la televisión nos permite pasar de una película del Tin-Tan a un documental sobre las marionetas de Praga en fracciones de segundo.
Biodegradable. Ya en el siglo XIX un visionario y maldito, Arthur Rimbaud, se anticipaba a la estética del reciclaje que viviría su gran augue en la cultura popular del siglo XX “Me gustaban los cuadros idiotas: adornos de puertas, decorados, telones de saltimbanquis, tablones de anuncios, estampas populares; la literatura pasada de moda: latín de iglesia, libros eróticos con faltas de ortografía, novelas de nuestras abuelas, cuentos de hadas…” La utilización de materiales aparentemente poco estéticos, como lo hiciera Pablo Picasso en sus papiers collés le da una nueva dimensión no sólo a las artes plásticas, sino a la cultura en general que, en las últimas décadas, se ha nutrido de los hallazgos de artistas de diversas disciplinas. Originalmente el concepto de arte era muy amplio, pero en el siglo XIX, surge la estética, rema que excluye otras manifestaciones y se concentra en las llamadas bellas artes. En el siglo XX se retoma “un concepto ampliado del arte”, que tendrá como precursores a gente como Marcel Duchamp, Kart Schwitters, los dadaístas y los surrealistas. Sin embargo, no resultan una novedad, pues en su tratado de la poética, Aristóteles habla ya del horror y las pasiones, y en Oriente una práctica antigua consistía en recoger objetos de la naturaleza –por lo general piedras- que eran considerados por encima de lo creado por el hombre. No obstante, en los inicios del siglo XX la cultura se perfila hacia lo que hoy podemos generalizar como cultura pop y que abarca todos los ámbitos de la creación, desde la pintura hasta la música, pasando por el cine, la publicidad y los medios impresos.
Ligero como el viento. Alguna vez Marcel Duchamp, creador de los ready-mades y quien le puso los bigotes a la Mona Lisa, declaró que “el mejor uso que se le puede dar a un Rembrandt es como mesa de planchar”. En la actualidad las manifestaciones culturales son cada vez más variadas y aunque se discuten los parámetros para distinguir lo que es arte de lo que no, lo que vale la pena y lo que no, nada nos protege de ser presas de un vertiginoso laberinto de imágenes y sonidos que reciben nuestros sentidos en todo momento: espectaculares de Wonder Bra, graffiti, merolicos, presidentes con botas, un puesto de tacos, un jingle en la radio con la tonada de la cancion bailable de moda, el rostro de Blue Demon en la portada de una revista, comerciales de televisión- como los muy kitsch de El Palacio de Hierro-, en fin, la cultura que denominamos pop se respira cada vez más y se ha nutrido de estos artistas que algún dia rompieron con los esquemas establecidos. Este eclecticismo tiene sus desventajas, pues la publicidad, por ejemplo “puede ser determinante para la formación cultural, ya que moldea el gusto del público- cuando recicla obras de arte-, por lo que implica responsabilidades del publicista. Sin embargo, también es cierto que aumenta considerablemente el espectro de la oferta cultural, promoviendo una diversidad a la que difícilmente era posible acceder en otros siglos, pero que es tan frágil en su concepto que resulta sumamente efímera. Por ello actualmente, nos parecen espantosos los vestidos y peinados que usaban las muchachitas de Flans y que muchas jovencitas imitaron en los ochenta, o nos resulta difícil imaginar que alguna vez existió Richard Marx, Rick Astley, Milly Vanilli o The Outfield. De la misma manera, seguramente dentro de algunos años consideraremos ridícula y hasta despreciable la forma en que nos vestimos hoy.
Pero para todos hay. La cultura pop se yergue como lo que Pilles Lipóvetsky llama, “un imperio de lo efímero”. Y precisamente lo maravilloso de buena parte de la cultura pop no es que no nos exige casi nada, ni estudios, ni conocimiento, ni reflexión, sólo mirar sin ver, oír sin escuchar, sentir sin cuestionar. Pero es ahí donde radica su condición de efímera. Hedonistas de todo y conocedores de nada, los “robots resignados” como llamó Octavio Paz a los ciudadanos de el mundo de hoy, van por el planeta rumiando una Big Mac y tarareando el éxito de moda que oyen en su ipod. Pero si bien es cierto que ese hedonismo se convierte en una forma poco adecuada de acceder a la obra de músicos, poetas, novelistas o pintores, la cultura popular también tiene sus héroes; eso si, perdurables. Cómo podríamos sobrevivir sin las canciones de Los Beatles, la trilogía de Star WArs, las aventuras de Los Simpson o el taquero de la esquina?
Ready-made. Creados por Marcel Duchamp. Son objetos ya existentes que por el simple hecho de extraerlos de su contexto adquieren un valor artístico. Un ejemplo es el llamado “the fountain” que consistía simplemente en un mingitorio”
Si pudieras pensar en quince cosas que caracterizan a la sociedad de hoy porque han influido contundentemente en nuestra cultura cuales serían?
--
Gregory, Hugh. UN SIGLO DE POP. Ed. Blume. $475
Lipovetsky, Umberto.El IMPERIO DE LO EFÍMERO Ed. Anagrama. $155
Rockland, Michael. LA CULTURA POP. PORQUÉ ESTUDIAR LA BASURA? Ed Universidad de León. $57
Papadakis, Andreas. ARCHITECTURAL DESIGN: POP ARCHITECTURE. Ed. St Martin's. $100

0 commentaires:
Enregistrer un commentaire
Abonnement Publier les commentaires [Atom]
<< Accueil